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Mirando al sol

A mediados de la década de 2030, el sol será la mayor fuente de energía eléctrica del planeta, y podría llegar a convertirse en la más importante de todas en 2040. Su rápida expansión reducirá la participación de los combustibles fósiles en la generación global de energía, disminuyendo del 61% en 2023 al 54% en 2026. Así, por primera vez desde 1971, el petróleo aportará menos del 60% al mercado energético.

8 julio 2024

 

Han pasado 70 años desde que la compañía norteamericana de telefonía AT&A presentó al mundo una nueva tecnología que permitía convertir la luz solar en energía. El objetivo era llegar a alimentar las baterías de sus dispositivos únicamente con esta fuente. Para graficar su potencial, en ese lanzamiento se mostró a la prensa una noria de juguete que giraba utilizando únicamente el poder que venía del sol.

Desde entonces a la fecha, su evolución ha sido exponencial: a nivel mundial, la capacidad solar instalada se duplica aproximadamente cada tres años y, por lo tanto, se multiplica por diez cada década.

Si se sigue por este camino, el sol será la mayor fuente de energía eléctrica del planeta a mediados de la década de 2030. Incluso, para 2040 podría ser la mayor fuente no sólo de electricidad sino de toda la energía en el mundo.

A diferencia de otras fuentes energéticas, cuyos costos son volátiles e impredecibles, la solar se ha vuelto crecientemente más barata, y nada indica que dejará de serlo.

De acuerdo a un artículo de la agencia de noticias Bloomberg, su rápida expansión reducirá la participación de los combustibles fósiles en la generación global de energía, disminuyendo del 61% en 2023 al 54% en 2026. Así, por primera vez desde 1971, el petróleo aportará menos del 60% al mercado energético. Las estimaciones citadas por Bloomberg indican que las emisiones mundiales de CO₂, por lo tanto, caerán más de un 2% en 2024, una tendencia que continuará en los años siguiente. Si bien esto no detendrá el cambio climático, sin duda lo disminuirá.

Según explica un estudio de la Agencia Internacional de Energía (AIE), el aumento del uso de la energía fotovoltaica en distintos lugares del planeta, entre los que sobresalen China y África, hace prever que en los próximos años las energías renovables, especialmente la solar, crecerán lo suficiente como para satisfacer el crecimiento de la demanda a nivel mundial, generada por el aumento de la población y del tamaño de las ciudades.

Jason Liu, director de la consultora especialista en energías verdes Wood Mackenzie, opina que “para impulsar y consolidar la energía solar es fundamental que las empresas se conviertan en aliadas del Estado. Ambos sectores poseen una amplia experiencia y conocimiento en los procesos de descarbonización y en el uso eficientes de las energías verdes”.

Es más, de acuerdo al informe de la AIE, el interés por sustituir o complementar los métodos tradicionales de energía en el sector industrial -debido principalmente a sus bajos precios- es uno de los motivos del interés internacional por la energía fotovoltaica. De hecho, ésta ya cubre el 5% de la demanda mundial de electricidad. «Ahora tenemos el viento a favor, muchas cosas se están simplificando y hay un espíritu optimista hacia el futuro”, agrega Jason Liu.

Por su parte, el banco de inversión estadounidense Lazard informa que la electricidad procedente de energía eólica y solar en EE. UU. cuesta hoy menos de la mitad que la que viene del carbón y un tercio que la nuclear. Además, los paneles fotovoltaicos se producen cada vez de manera más eficiente y en mayores cantidades. De esta forma, pronostica el Banco Lazard, en ese país la energía solar en la generación de electricidad podría muy pronto llegar al 30%.

Otro aspecto que destacan los analistas internacionales, es que el ir superando la fuerte dependencia que la mayoría de los países tienen de los combustibles fósiles, ayudará a disminuir el poder político y económico de las naciones petroleras. Muchas veces éstas han provocado crisis financieras e incluso guerras. De esta manera, una mayor diversidad en la ubicación geográfica de las plantas solares permitirá que los países logren mayor independencia energética y evitará que las decisiones que se tomen en un lugar del planeta afecten a todo el planeta.

Chile verde

En el desarrollo de la energía solar, nuestro país tiene una ventaja estratégica: en el norte chileno se ubica la zona con mayor nivel de incidencia solar del mundo. Esto explica que en medio del desierto de Atacama existan 10.600 espejos mirando al sol. Se trata de Cerro Dominador, la primera planta termosolar de América Latina, la que genera la mayor parte de energía limpia nacional.

Gracias a ella, el año pasado Chile superó con creces su meta de llegar al 20% de producción energética de fuentes renovables para 2025. En 2019, su uso no superaba el 3,6%. Desde entonces, ha tenido un explosivo aumento: en 2020 subió a 10,50% y en 2021 a 36,2%. Las proyecciones para 2024 son cercanas al 50%.

Un reciente reporte de la de la Asociación Chilena de Energías Renovables y Almacenamiento (ACERA) -presentado en el encuentro Expo Energía- destaca el potencial de nuestro país como atractivo destino para los desarrolladores de energía solar y eólica. “Así como la tierra en Chile es buena para los vinos, también lo es para generar energía que provenga del sol”, asegura Felipe Pezo, director ejecutivo de Acera.

En esa línea, esta organización gremial recomienda potenciar el papel del Estado en la planificación y el desarrollo de proyectos, además de aumentar la entrega de incentivos adicionales para la innovación y la competencia. ACERA también subraya que Chile es una de las naciones que ha impulsado una “transición verde” más rápida. “A raíz de la mayor consciencia en torno al calentamiento global y a la obligación de cumplir con los objetivos internacionales de reducción de emisiones, nuestro país ha apostado por una potente diversificación de sus fuentes energéticas. Existe un esfuerzo real por acabar con el carbón y ser cada vez menos dependientes del petróleo”, argumenta Felipe Pezo.

Este año en el mundo se instalarán unos 70 mil millones de paneles solares, la gran mayoría de ellos en China. Una vez ubicados, permanecerán allí durante décadas, sin hacer ruido, sin emitir humos, sin utilizar recursos, sin costar casi nada y generando energía. Es la revolución menos molesta imaginable. Pero no deja de ser una revolución.