@Actualidad

Los noruegos no son (tan) felices

Aunque cueste creerlo: el aumento de la riqueza está despertando un inesperado sentimiento de vergüenza entre los escandinavos. “Existe una narrativa de culpabilidad sobre las vidas privilegiadas de las personas en un mundo donde otros sufren”, comenta Elisabeth Oxfeldt, la académica e investigadora que acuñó el término que representa este malestar: la “escandiculpa”.

3 septiembre 2024

A primera vista, todo parecen ser buenas noticias para Noruega: gracias a sus importantes reservas de petróleo, las mayores de Europa después de las de Rusia, este país es uno de más ricos del mundo. La fuerza de su economía, medida por el ingreso per cápita, es casi el doble que la de Reino Unido, e incluso mayor que la de Estados Unidos.

Es más, tiene un superávit presupuestario: su ingreso nacional supera su gasto. Esto contrasta con la realidad de la mayoría de las naciones, que deben pedir dinero prestado para cubrir sus déficits.

Además, gracias a la riqueza derivada del petróleo y el gas, las horas de trabajo en Noruega tienden a ser más cortas que en la mayoría de las economías comparables, sus derechos laborales son más sólidos y su sistema de bienestar más generoso. Situación parecida a la que se vive en los otros países que integran Escandinavia: Dinamarca, Suecia y Finlandia. Según el Informe Mundial de la Felicidad, sus habitantes están entre los más felices del mundo.

Pese a este auspicioso bienestar, según un estudio de la profesora de la Universidad de Oslo Elisabeth Oxfeldt -citado en un artículo de la BBC-, “los escandinavos ricos, y especialmente los noruegos, comparan sus cómodas vidas con las de las personas que pasan apuros, sobre todo en el extranjero. Tienen sentimientos de malestar, incomodidad y vergüenza, los que surgen cuando se dan cuenta de la relación directa entre su felicidad y la infelicidad de los demás. Esta tendencia es especialmente marcada en las generaciones entre los 20 y 30 años, que están en plena etapa laboral”.

Basada en sus estudios sobre cómo los libros, películas y series de televisión escandinavas reflejan la cultura de su tiempo, Oxfeldt dice que los medios exploran la culpabilidad por la riqueza. “Es habitual ver en la literatura y el cine el contraste entre el ‘yo feliz, afortunado y privilegiado’ y el ´otro sufriente´. Son historias de miembros de la ´clase ociosa´ que dependen de los servicios que prestan los trabajadores inmigrantes que residen en apartamentos en sótanos”.

Oxfeldt fue la primera en hablar del “Scan guilt”, que en español se traduce como «escandiculpa». “Muchas mujeres sienten remordimientos porque se dan cuenta de que han logrado la igualdad de género en sus trabajos gracias a las niñeras inmigrantes y mal pagadas que cuidan a sus hijos, las que tienen que abandonar a sus propios hijos en sus países”.

Riqueza ética

Este sentimiento de culpa también ha sido alentado por personas y organizaciones que cuestionan si la riqueza escandinava se basa en prácticas éticas. A principios de 2024, el gobierno noruego anunció que había dejado de conceder permisos de trabajo a las niñeras que provengan del mundo en desarrollo. Esto, luego de que un diario calificara esta labor como una “esclavitud moderna”, generando un fuerte debate nacional.

Paralelamente, un reportaje del Financial Times reveló cómo el aceite de pescado elaborado a partir del pescado capturado en las costas de Mauritania, en África, se usaba como alimento para las extensas granjas de salmón de Noruega. El pescado noruego, que se vende en los principales mercados de Europa, “está dañando la seguridad alimentaria en África occidental”, aseguró el periódico.

El grupo ambientalista Feedback Global se sumó a las críticas argumentando que “el apetito voraz de la industria noruega del salmón ha provocado la pérdida de medios de vida y la desnutrición en África occidental, creando un nuevo tipo de colonialismo alimentario”. El primer ministro noruego Jonas Gahr Støre respondió que su administración está impulsando un “cambio verde”, para así garantizar que la acuicultura sea sostenible y no dañe a otras naciones.

En la nota de la BBC, el activista en temas sociales Jan Ludvig Andreassen afirma que las donaciones de Noruega al extranjero son «pequeñas», especialmente considerando que su principal fondo de inversión, el Fondo de Pensiones del Gobierno de Noruega -conocido como «el fondo del petróleo»- tiene activos por un valor aproximado de US$1,72 billones. “Un porcentaje de esos recursos debería ser destinado a apoyar iniciativas que ayuden a aumentar la equidad económica y a promover la paz a nivel mundial”.

Estas demandas crecieron luego de que se conociera el importante aumento de los ingresos generados por las exportaciones de petróleo tras la invasión rusa a Ucrania. Los críticos afirman que pese a estos beneficios, esta repentina ganancia no se ha compartido lo suficiente con las víctimas de la agresión militar.

La profesora Oxfeldt coindice en que si bien los noruegos son “generosos contribuyentes a buenas causas, las donaciones caritativas son insignificantes en relación con los ingresos adicionales que surgen de la guerra y el sufrimiento».

Sin embargo, otras voces desmienten que la “escandiculpa” sea un sentimiento generalizado, «excepto quizás en algunos círculos como el movimiento ecologista», asegura Jan Ludvig Andreassen, economista en jefe de Eika Group, una alianza de bancos noruegos independientes. El banquero reconoce que «nos hemos enriquecido mucho más de lo que esperábamos, pero no he visto a nadie con sentimientos de culpa”.

En medio de este debate propio de los países más desarrollados, Oxfeldt contrataca: «No puedes vivir en tu propia burbuja de felicidad cuando tienes refugiados de guerra que viven vidas precarias en tu propio país. Cuando tienes mendigos en las calles. Cuando te das cuenta de que niños no tienen acceso a la educación ni a una buena alimentación debido a tu consumismo. O simplemente cuando entiendes que la gente sufre en otros lugares, mientras que tú, tú mismo, eres un privilegiado».