“Sólo apreciamos nuestras rodillas cuando dejan de funcionar. Lo mismo ocurre con el orden global: sus beneficios sólo se hacen evidentes cuando se derrumba. Y cuando eso sucede, los débiles son los que sufren más. Esta ley de la historia debería estar presente en las mentes de los líderes mundiales: no se puede restablecer la paz y el orden internacional basándose en reglas que se están desmoronando, como sucede actualmente. Los catastróficos resultados se sentirán a nivel global”.
Con ese certero y punzante análisis, el historiador superventas Yuval Noah Harari resume los desafíos que se enfrenta el planeta.
En esa misma línea, se pregunta si, luego de la invasión rusa de Ucrania, ¿se puede culpar a Polonia por casi duplicar su ejército y su presupuesto militar, a Finlandia por unirse a la OTAN o a Arabia Saudita por buscar un tratado de defensa con Estados Unidos?
“Desafortunadamente, el aumento de los presupuestos militares se produce a expensas de los miembros más débiles de la sociedad, ya que el dinero se desvía de las escuelas y clínicas a tanques y misiles. Las alianzas militares también tienden a ampliar la desigualdad, puesto que los Estados débiles que quedan fuera de su escudo protector se convierten en presas fáciles”, argumenta.
Harari afirma que al crecer las tensiones entre los “bloques militarizados”, aumentan las posibilidades de que “una pequeña chispa en un rincón remoto del mundo encienda una conflagración global”. Y los ejemplos sobran: la Península de Corea, la larga frontera entre Rusia y la OTAN, el Medio Oriente, entre varios otros “puntos calientes”.
Además, en un creciente número de países los recursos que podrían emplearse para combatir el calentamiento global se están destinanando a los presupuestos militares. “El armamentismo también ha provocado la destrucción de la voluntad necesaria entre los países para lograr acuerdos en torno a importantes preocupaciones como el cambio climático y a los límites de la IA en el desarrollo de armamentos”.
La guerra con drones -destaca Harari- es particularmente amenazante: si los conflictos avanzan en zonas como Ucrania y Gaza, el mundo pronto verá enjambres de drones totalmente autónomos luchando entre sí en el cielo y matando a miles de personas en tierra. “Los robots asesinos están llegando, pero los humanos están paralizados por los desacuerdos. Si no se logra la paz en Ucrania pronto, es probable que muchos millones sufran, incluso si viven a miles de kilómetros de Kiev y piensan que esa guerra no tiene nada que ver con ellos”, alerta el autor israelí.
El “emperador” Putin
En “Cómo prevenir una nueva era de imperialismo”, Yuval Harari afirma que el mundo enfrenta la amenaza del surgimiento de un “peligroso imperialismo que puede transformar el orden global actual”. Apunta al Presidente Vladimir Putin como un impulsor de esa política y lo acusa de seguir el “principio imperial” de que cualquier territorio conquistado por su ejército es anexado al Estado ruso.
“Si se permite que Putin gane en Ucrania, este tipo de imperialismo volverá a resurgir en todo el mundo. ¿Cuánto va a demorar la larga lista de conflictos no resueltos en transitar por este camino?; ¿Qué impedirá entonces, por ejemplo, que Venezuela conquiste Guyana, o que Irán se tome los Emiratos Árabes Unidos?; ¿Qué prohibirá que Rusia conquiste Estonia o Kazajstán? Ninguna frontera o Estado podrá encontrar seguridad sino que en los armamentos y en las alianzas militares”.
El escritor dice que si se aceptan las conquistas imperiales, “incluso Estados cuyas independencias y fronteras son reconocidos internacionalmente hace mucho tiempo, se enfrentarán a un riesgo real de invasión, y hasta de convertirse nuevamente en provincias imperiales”.
Para evitar una ola de imperialismo, argumenta Harari, los países europeos -algunos de los cuales podrían ser los próximos objetivos del imperialismo ruso- deben comprometerse firmemente a apoyar a Ucrania, sin importar cuánto dure la guerra. “Europa debe garantizar el suministro de energía a Ucrania desde centrales eléctricas en países de la OTAN. Y sin importar lo que suceda en las elecciones estadounidenses en noviembre, los europeos deben comprometerse a proporcionar a Ucrania el dinero y las armas que necesita para seguir protegiéndose. Dadas las tendencias aislacionistas del Partido Republicano y de otros segmentos de la sociedad estadounidense, Europa no puede depender de Estados Unidos para hacer el trabajo pesado. Esos compromisos son lo único que convencerá a Rusia de negociar la paz en serio”, asegura.
En su reflexión acerca de cómo prevenir un “revival imperialista”, Harari señala que se necesan liderazgos múltiples, “porque la crisis no es localizada, sino que global”. Llama a los países no europeos a asumir un mayor liderazgo internacional, específicamente a los miembros del BRICS -la asociación político y económico que reúne a naciones emergentes-. “Potencias en ascenso como Brasil, India, Indonesia y Kenia a menudo critican a las potencias occidentales por los crímenes imperialistas del pasado, y por la incompetencia y el favoritismo actuales. Hay mucho que criticar, pero es mejor tomar el centro y liderar. Las potencias no occidentales deberían actuar para proteger el orden internacional, no para complacer a un Occidente en decadencia. No será barato, pero el precio de no hacer nada será mucho mayor”, sentencia.
El historiador israelí cree que todavía existe la oportunidad de la búsqueda de soluciones de tipo multilateral para los conflictos internacionales y considera que algunas de las naciones del BRICS son “un espacio de horizonte abierto y pujante”.
El autor finaliza su ensayo argumentando que las naciones y los líderes que ayuden a alcanzar la paz en Ucrania se posicionarán como pioneros globales. “Si eso se logra, se podrá confiar en ellos para resolver otros conflictos como el cambio climático y la inteligencia artificial descontrolada. Y guiar a la humanidad en el problemático siglo XXI”.