En entornos laborales cada vez más interconectados, el concepto de “liderazgo asterisco” está ganando terreno como un nuevo estándar organizacional. Este tipo de liderazgo se caracteriza por su capacidad de ejercer influencia en todas las direcciones: hacia la alta dirección, de manera transversal entre pares y hacia los propios equipos. Lejos de limitarse a la supervisión, el liderazgo asterisco busca agregar valor estratégico, fomentar conversaciones relevantes y construir redes de colaboración. Como un asterisco, sus puntas se despliegan en todos los sentidos.
Según Agostina Verni, directora global senior de Recursos Humanos en empresas como Red Hat, Google y Eventbrite, “quien no sabe construir alianzas fuera de su área está condenado a liderar en solitario. Y en el mundo actual, liderar solo es perder influencia”.
La lógica jerárquica tradicional convive hoy con redes colaborativas que operan en proyectos transversales. En ese escenario, las organizaciones más competitivas valoran a líderes capaces de conectar áreas diversas, movilizar a sus pares y participar activamente en decisiones estratégicas. La influencia, más que la autoridad formal, se vuelve clave.
Un estudio conjunto de la firma de consultoría estratégica McKinsey & Company y el Center for Creative Leadership, realizado a más de 1.200 líderes de 71 países, confirma esta tendencia. Las acciones de liderazgo hacia arriba y en horizontal tienen un 50% más de impacto en el negocio que las centradas exclusivamente en el equipo propio. Para el avance profesional, ese impacto es incluso mayor: liderar en múltiples direcciones tiene más del doble de peso que enfocarse solo en los colaboradores.
Uno de los aspectos centrales del liderazgo horizontal es la capacidad de articular una narrativa movilizadora. Según el mismo estudio, esta habilidad explica cerca del 20% del éxito profesional. Sin embargo, solo el 61% de los líderes declara utilizar activamente el storytelling dentro de su organización.
Tres direcciones, un mismo propósito
El liderazgo asterisco se despliega en tres movimientos clave:
- Hacia arriba: más que reportar al jefe, se trata de influir con visión, entregar resultados medibles y retroalimentar con sentido estratégico.
- Hacia los costados: implica comprender las prioridades de otras áreas, tejer alianzas y participar en los momentos críticos del negocio, fortaleciendo la reputación y la colaboración.
- Hacia abajo: mantiene la inspiración y guía de los equipos propios, pero también requiere nuevas competencias, como liderar sin jerarquía formal, escuchar activamente y ofrecer claridad ante la incertidumbre.
Hoy, el liderazgo contemporáneo exige más que gestionar equipos: requiere articular relaciones significativas a todos los niveles, actuar con visión compartida y ser un conector dentro de la organización. En un entorno de alta complejidad, liderar es influir con propósito.