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La loca metrópoli de Mohamed bin Salmán

En el desierto de Arabia Saudita se está construyendo la que promete ser la ciudad más grande del mundo. El proyecto estrella es The Line, una urbe lineal desplazada lo largo de 170 kilómetros, en la que no serán necesarios los autos ni las calles. Pese a la propaganda, el ambicioso plan del príncipe saudí para diversificar la economía nacional y rediseñar la difícil geografía del país ya tiene fervientes críticos.

3 mayo 2024

Urbanistas y arquitectos siempre están buscando la manera de crear mejores ciudades, más ordenadas, construidas racionalmente, rodeadas de verde y con barrios autosuficientes. Aunque esto parezca una ilusión, Arabia Saudita ha decidido revivir la utopía de una megaciudad perfecta con la construcción de una metrópolis que se desplegará en un espacio lineal de 170 kms por el desierto hasta llegar al Mar Rojo. Ése es el ambicioso plan del controvertido Mohamed bin Salmán, que contempla cero emisión de CO2, un microclima templado durante todo el año y suministros de energía y agua 100% renovables. El príncipe heredero saudí la bautizó como The Line.

Este proyecto arquitectónico busca una radical transformación de una de las zonas más áridas del planeta, en el noroeste de Arabia Saudita, un lugar elegido por su cercanía al Mar Rojo y al estratégico Estrecho de Suez, en Egipto. Se emplazará en un superficie de 34 km2, protegida por ambos lados por un muro de espejos, con un ancho de apenas 200 metros. Ahí estarán los espacios abiertos para trabajar, transportarse y disfrutar los momentos de ocio.

La urbe estará organizada en dos hileras de rascacielos de acero y cristal de 500 metros de altura, más altos que el Empire State Building, en cuyas paredes se desarrollará la agricultura vertical integrada. Tendrá también un estadio deportivo a más de 300 metros de altura y un puerto para yates debajo de un arco de los dos edificios.

Pese a que se proyecta que en The Line lleguen a vivir nueve millones de personas, Arabia Saudita asegura que un millón y medio podrían instalarse ahí antes de 2030. Ninguna ciudad del mundo va a tener extensión tan larga: la misma distancia que existe entre Ámsterdam y Bruselas. Literalmente, desde las montañas hasta el mar. Los arquitectos han planeado que todos los servicios estén a 5 minutos a pie -y que no se requiera usar autos- y que un tren de alta velocidad te lleve de un extremo a otro en solo 20 minutos.

Fue el propio príncipe Bin Salmán quien presentó el video de lanzamiento de The Line, el que parece más bien un tráiler de Hollywood. De hecho, en su creación participaron reconocidos artistas digitales como Oliver Pron, diseñador de la película “Guardianes de las Galaxias”, y Nathan Crowley, ilustrador de “El Caballero Oscuro”.

The Line forma parte de Neom, una megaciudad ecológica de 26.500 km² -casi 40 veces la superficie de Nueva York- que estará compuesta de dos partes, una en tierra firme con un puerto y la otra en un inmenso polígono flotante, con un presupuesto de un billón de dólares. Los saudíes pretenden que Neom se convierta en el mayor centro de innovación, tecnología y turismo del mundo, creando 380.000 nuevos puestos de trabajo y atrayendo talentos de todo el planeta. Además, estará ubicado en una posición estratégica que permite conectarse con el 40% de la población mundial tomando un vuelo de unas cuantas horas.

En las montañas de la región saudí de Tabuk, y también como parte de Neom, se emplazará Trollena, un centro vacacional donde se podrá esquiar en pleno desierto.

Este gigante urbanístico es la inversión más importante del programa “Vision 2030”, la estrategia del reino para reducir su dependencia del petróleo y ampliar la economía. El financiamiento proviene, obviamente, de ese combustible, del cual Arabia Saudita es el principal productor a nivel mundial. Sin embargo, los conocedores de la hermética política local afirman que la ultra moderna metrópoli, que varios califican como una muestra más de la megalomanía del príncipe, es parte de un plan de Bin Salam para restaurar su dañada imagen internacional, luego de ser acusado de la muerte del periodista saudí Yamil Jashogyi en 2018 y de su acercamiento al presidente ruso Vladímir Putin una vez que Rusia invadió Ucrania.

Un sueño peligroso

Pero más allá de los efectos especiales y de los mediáticos anuncios, varios arquitectos han expresado sus dudas sobre la viabilidad del proyecto y sus posibles consecuencias. “Un muro de vidrio de esas dimensiones es muy muy difícil de construir, aunque con dinero todo se puede hacer. Ahora bien, la arena se levanta diariamente en el desierto y lo golpeará en forma constante, lo que sin duda tendrá sus efectos. Además, el estrecho espacio en el que la gente tendrá que vivir lo hará muy inhóspito e insustentable”, asegura el arquitecto Alberto Marín en el diario mexicano El Confidencial.

Un estudio publicado en la revista Nature, calificó a The Line como “un nefasto plan urbanístico. Su colosal tamaño y su estructura lineal hacen que la movilidad y la habitabilidad sean una pesadilla para sus ciudadanos. Es la forma menos eficiente de construir un lugar para vivir: hay cientos de motivos por los que existen 50.000 ciudades en el mundo y todas ellas son de alguna manera circulares”.

Otra de las ideas que los críticos consideran “descabelladas” es el tren de alta velocidad. Se argumenta que, en la práctica, contar un transporte público eficiente es imposible. “Para que todos los habitantes estén a una distancia práctica de una estación de tren, la línea deberá tener al menos 86 paradas. Debido a que tienen que ser tantas, los trenes no podrán alcanzar su velocidad potencial entre dos estaciones consecutivas”, explica el urbanista Michael Hamilton en el semanario Nature.

También se cuestiona el tremendo impacto ambiental que implicará su construcción. Ésta requerirá movimientos de tierra masivos, grandes infraestructuras de transporte de vehículos, energía, agua y desechos, y una cantidad colosal de materiales con su consecuente producción de CO2 y negativos efectos ecológicos. “Las consecuencias directas e indirectas son incalculables”, asegura Hamilton.

Indiferente a estas críticas, Mohammed bin Salman quiere aprovechar el actual alto precio del petróleo, impulsado por las guerra en Ucrania y Gaza, y cumplir el sueño que ya transparentó a los cerebros detrás de The Line: “quiero levantar mis propias pirámides. Y que duren siglos”.