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La ambiciosa apuesta de los BRICS

Consolidados como un fuerza cada vez más gravitante en la economía global, los países miembros del BRICS buscan debilitar la influencia norteamericana en el comercio mundial. El primer paso ha sido buscar alternativas al uso del dólar. Fiel a su estilo, Donald Trump ya “muestra sus dientes” ante esta amenaza.

6 diciembre 2024

La reacción del Presidente electo Donald Trump fue frontal: si los países miembros del BRICS debilitan al dólar, Estados Unidos subirá sus aranceles en un 100%. Esto, ante la decisión del grupo, tomada en la última cumbre de estas “economías emergentes” realizada en Rusia, de hacer sus transacciones utilizando otras divisas. Esto, en un claro intento de disminuir el dominio internacional de la moneda norteamericana. “De continuar así, los BRICS tendrán que decir adiós a vender sus productos a la maravillosa economía de Estados Unidos. Que busquen a otro tonto. No hay posibilidades de reemplazar al dólar estadounidense en el comercio internacional”, advirtió el presidente electo.

Esta combativa respuesta se produce luego de que en el encuentro de los BRICS realizado en octubre, los representantes de varios países miembros argumentaran que “el dólar no está cumpliendo su función como referente mundial y es en parte responsable por la inestabilidad económica global”. Otra de manera de alejarse del dólar, asegura un artículo de BBC Mundo, es el anuncio de aumentar las operaciones del Nuevo Banco de Desarrollo, creado por el grupo en 2015. La idea, que también se discutió en la cita, es posicionarlo como alternativa al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial, instituciones que se perciben como “instrumentos del control de Occidente”.

Pese a que diversos analistas afirman que no es ni realista ni práctico crear una moneda común porque las economías del BRICS son muy diferentes, la declaración conjunta final de la cita fue clara al expresar que la prioridad del bloque es “construir un comercio internacional justo y reducir los costos de las transacciones”.

Otra acción consensuada es la creación de un sistema de información bancaria que compita con el SWIFT, clave para las transacciones financieras mundiales. “También un objetivo muy ambicioso y complejo de materializar”, opina BBC Mundo.

Este desafío al poder norteamericano no debería ser visto con asombro, ya que justamente el BRIC se formó en 2009 como una alternativa frente al poder de Occidente. Originalmente, al grupo se le denominó BRIC en referencia al acrónimo de sus miembros originales: Brasil, Rusia, India y China (cuyas economías se prevé que dominarán el mercado en 2050), a las que luego se sumó Sudáfrica y la S. Desde entonces, la alianza se ha ampliado a Irán, Egipto, Etiopía y los Emiratos Árabes Unidos, naciones claves al momento de fijar los precios internacionales del petróleo y del gas.

“Ya no hay duda: son una fuerza gravitante de la economía mundial”, asegura un artículo de Boomberg.com. Actualmente, los BRICS representan más del 45% de la población global -con 3.500 millones de personas-, y el 32% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial -28,5 billones de dólares-, superando a los países del G7, que reúne a los principales economías del planeta. A esto hay que sumarle que sus integrantes producen alrededor del 44% del petróleo crudo del mundo.

El elemento nuevo, asegura el experto internacional John Alexander citado en Bloomberg.com, es que este lenguaje y estas acciones más agresivas encontrarán un rival fuerte en la futura administración Trump, “la que mira con desconfianza al resto del mundo”.

Pese a que los BRICS incluyen a potencias gravitantes, como China, India y Rusia, y a países de gran peso en sus continentes, como Sudáfrica y Brasil, sus miembros se quejan de que las naciones occidentales controlan el comercio en desmedro de ellos.

“La suma de nuevos integrantes a los BRICS reforzó la importancia del grupo como foro de debate geopolítico, especialmente en Oriente Medio, de donde procede la mayoría de los nuevos miembros. También es previsible que su expansión se utilice como herramienta para influir en el desarrollo de instituciones internacionales al margen del G7, el G20 y la ONU”, afirma en BBC Mundo Michael Langham, analista de mercados emergentes.

Pese a que hay 40 Estados interesados en unirse al grupo, 15 de los cuales lo han solicitado formalmente – tan disímiles como Bahréin, Cuba, Tailandia y Venezuela-, uno ya rechazó la invitación: Argentina. La llegada al poder de Javier Milei cambió las prioridades argentinas y hoy ese país se perfila como uno de los aliados más incondicionales de Estados Unidos.

¿Todos contra EE.UU?

Actualmente, el principal objetivo de China, argumenta Michael Langham, es «aumentar su poder e influencia, especialmente en África. Quiere ser la voz líder del Sur Global. Rusia, por su parte, tiene un propósito diferente: que esta asociación lo apoye en su lucha contra Occidente. Los rusos creen que ser parte del BRICS les ayudará a superar las sanciones impuestas tras la invasión de Ucrania». Por otro lado, la membresía de Irán podría aumentar el carácter antinorteamericano del organismo. “Este escenario hace prever que la relación entre Estados Unidos y los BRICS será una fuente de conflicto permanente”, concluye BBC Mundo.

Sin embargo, aunque existen objetivos comunes como expandir sus lazos comerciales y financieros, los intereses políticos y económicos de sus miembros en ocasiones son opuestos. Los competidores más frontales son China e India, realidad que, según el analista Michael Langham, hace difícil que puedan actuar tan coordinadamente como se ha anunciado y dejar atrás su histórica rivalidad.

A esto hay que sumar a otro actor gravitante: Vladimir Putin. Irene Mia, investigadora del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, explica en The Economist, que «Rusia busca mostrar a Occidente que todavía tiene aliados en el mundo, a pesar de su agresión a Ucrania». Parte de la estrategia del líder ruso para aumentar su poder es apoyar la ampliación del bloque, y sumar a los miembros del Comunidad de Estados Independientes (CEI, antiguas repúblicas de la Unión Soviética), considerados parte de la esfera de influencia de Rusia.

Paralelamente, el ministro de Finanzas ruso presentó el proyecto de un sistema de pago común llamado BRICS Bridge, una plataforma digital que permite pagos transfronterizos «rápidos y baratos» entre los Estados miembros. Esto incluye el uso de tecnologías blockchain y monedas digitales de bancos centrales, sin pasar por bancos en EE.UU. Moscú quiere así evitar sanciones internacionales que les impida realizar pagos con dólares estadounidenses.

“La gran interrogante es cómo actuarán las economías más débiles cuando Estados Unidos los obligue a decidir entre comerciar con ellos o con quienes el nuevo gobierno ve como ‘enemigos’”, plantea The Economist.