“Desde muy joven tenía claro que mi camino profesional sería emprender. Eso está en mis raíces y me lo inculcaron mis padres. Mi madre es ecuatoriana y mi papá chileno, ellos, como inmigrantes en Perú, siempre hicieron empresa y fueron un gran ejemplo para mí. Me enseñaron a nunca rendirse y hacer que las cosas pasen y que pasen bien. Yo el emprendimiento lo llevo en la sangre”, confiesa Cristina Bitar en el programa “Carmen Ibáñez conversa con…”, transmitido por radio Agricultura.
Con este impulso, la fundadora de Azerta, luego de un destacado paso por el mundo público, decidió crear su primera compañía. “Con mucho entusiasmo monté la agencia de comunicaciones Captiva. Yo había estudiado economía y negocios, por lo tuve que ir aprendiendo de comunicaciones y empecé a perfilarme en este negocio. Soy una convencida de que las comunicaciones son esenciales para tender puentes y para juntar personas, lo que es vital para las compañías. La verdad es que me gusta mucho lo que hago”, confiesa con entusiasmo.
Cristina Bitar es una convencida de que la empresa el motor de la economía. “Bill Gates y Steve Jobs son ejemplos de cómo los grandes empresarios pueden cambian el mundo y transformar los paradigmas globales. Es notable cómo desde el sector privado están surgiendo nuevos medicamentos que salvan millones de vidas y tecnologías que cambiaran la forme en la que trabajamos y nos relacionamos. Pese a las fuertes críticas que les hacen algunos sectores, las empresas generan valor, tiene un impacto social muy positivo y realizan tareas que el Estado no puede”.
En la relajada conversación con Carmen Ibáñez, Cristina Bitar cuenta que hoy Azerta no solo ha logrado ser una de las principales -y más premiadas- consultoras en comunicaciones estratégicas en Chile, sino que también en Perú, con 120 personas contratadas en ambos países. “Yo he ido desarrollado un liderazgo colaborativo, soy buena para tener una visión profunda de los problemas y saber hacia dónde hay que ir, pero eso no lo podría hacer sin la colaboración de quienes trabajan conmigo. El dar la posibilidad a nuestros colaboradores de convertirse en socios hace que se sientan parte y dueños de la empresa: en Chile tenemos diez socios y en Perú, tres”.
Es más, su “receta” para el triunfo profesional es muy clara: trabajar duro, tener buenos equipos, innovar constantemente y “estar muy, muy cerca” de los clientes. “El compromiso con ellos nos hace trabajar con mucha fuerza y garra. La fórmula del éxito está en la mezcla de saber armar equipos de excelencia y entender exactamente lo que el cliente necesita y quiere. Esto es crecientemente más difícil, puesto que cada vez las compañías tienen problemas más complejos”.
Apasionada por su trabajo, Cristina Bitar afirma que su compromiso es 24/7. “En Azerta no dejamos de responder a las necesidades de los clientes los fines de semana ni después de las 6 tarde. Pero mantener ese ritmo es un desafío que aumenta cuando crecen los equipos”.
Destaca también el aporte de los jóvenes profesionales en los equipos: “Ellos traen una nueva forma de mirar las cosas y se relacionan con la tecnología muy naturalmente. Aportan un empuje y visión nuevos y valiosos”. Agrega que una de las fortalezas de Azerta es contar un grupo de profesional muy diverso, compuesto por abogados, cientistas políticos, periodistas, comunicadores, sociólogos y economistas. “Este abanico de talentos distintos hace más completa y profunda la mirada a la hora de resolver problemas complicados y que ponen en riesgo la reputación y el negocio de nuestros clientes”.
Carmen Ibáñez pregunta cuál es la “especialidad” de Azerta. “El manejo de crisis”, contesta Cristina Bitar en forma casi automática. “Si bien la asesoría que entregamos se basa en el desarrollo de un plan de comunicación permanente y en fortalecer la reputación corporativa, las compañías están siempre expuestas a problemas”. La ejecutiva explica que el manejo de crisis lo realizan tanto para sus clientes permanentes, como para las compañías que enfrentan un problema puntual. “Nuestra experiencia nos dan esa resiliencia y fortaleza esenciales para enfrentar una crisis comunicacional. Para mí, las crisis son lo más entretenido de las comunicaciones”.
Con respecto al futuro de la empresa que lidera, la economista confiesa: “me encantaría seguir internacionalizándonos. El primer paso fue Perú y ahora estamos mirando otros mercados hacia donde expandirnos. Estados Unidos aparece como un hub muy atractivo y natural. Es algo que estamos explorando, pero sin dejar de crecer en Chile. Creo que hay espacio, pese a que el mercado chileno es hiper competitivo, lo que nos desafía a ser mejores y a innovar”.
“El ‘hambre’ y la ambición son legítimas y valiosas”
Frente a la interrogante de cuáles son los desafíos y oportunidades que presenta el mundo de las comunicaciones actual, la ejecutiva declara que “el desarrollo de las nuevas tecnologías es clave. La irrupción de las redes sociales ya la manejamos desde hace años y es una parte de nuestra asesoría. Junto a esto, los equipos de Azerta se están actualizando y entrenando en Inteligencia Artificial, e incorporando tecnología de punta. La IA es algo que a mí me apasiona”.
Otro tema que le interesa poner en la agenda es la incorporación de las mujeres al mundo corporativo. “Esta es una realidad que llegó para quedarse, y se ve claramente en la conformación de los directorios: hoy todas las empresas están buscando incorporar a mujeres a sus gobiernos corporativos. El valor que agrega una mujer a un directorio es enorme y me encanta que los hombres se estén dando cuenta. Esto ya no es sólo un requerimiento legal o una exigencia de los inversionistas, sino que es parte del ADN. El siguiente paso es que existan más mujeres gerentas generales. Las mujeres llegan a altos cargos, pero no a la gerencia general y en eso todavía falta avanzar. Soy una convencida de que las mujeres tienen una intuición distinta a los hombres y que trabajando juntos somos mejores”, dice Bitar.
La socia fundadora de Azerta termina su conversación con Carmen Ibáñez entregando un valioso consejo para las mujeres que están empezando su vida laboral. “Soy optimista porque veo a mujeres jóvenes súper forzadas y aguerridas dándolo todo por tomar mayores responsabilidades. Sin embargo, a veces las exigencias sociales y el miedo las paralizan. Mi recomendación es vencer ese temor y atreverse. De hecho, creo que a mí me habría ayudado mucho si es que cuando era joven yo hubiera trabajado más en mi desarrollo interno, para así superar el miedo a cometer errores. Con la experiencia he aprendido que siempre te vas a equivocar, y que probablemente no podrás ser la mejor mamá o la mejor esposa; pero si no te atreves, nunca vas a avanzar. Hay que lanzarse, competir por los cargos, hablar más fuerte y golpear la mesa cuando sea necesario. El ‘hambre’ y la ambición son legítimas y valiosas. El éxito no es el resultado de la suerte, sino del esfuerzo”, sentencia.