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El urgente desafío de gestionar el riesgo reputacional

De acuerdo a estudios globales, el daño reputacional o a la marca es el octavo riesgo más relevante para las empresas. Pero la paradoja es que solo el 12% de las compañías ha logrado cuantificar esta amenaza, lo que revela una vulnerabilidad preocupante.

26 febrero 2026

En el dinámico escenario empresarial actual, la reputación ya no es un concepto etéreo gestionado exclusivamente por los departamentos de relaciones públicas; se ha consolidado como un activo financiero crítico cuya volatilidad puede destruir el valor de una compañía en cuestión de segundos. 

Según la última Encuesta Global de Gestión de Riesgos de AON –una de las firmas especializadas en la gestión de riesgos más grandes del mundo- el «Daño a la reputación o marca» se situó el año pasado como el octavo riesgo más relevante a nivel mundial. Sin embargo, lo más llamativo es la paradoja de su gestión: aunque es una prioridad estratégica, solo el 12% de las organizaciones ha logrado cuantificar este riesgo, dejando una brecha de vulnerabilidad preocupante.

Pero ¿qué significa este concepto? Sandra Sucher, profesora de Harvard, sostiene, en su libro “The Power of Trust: How Companies Build It, Lose It, Regain It”, que el riesgo surge cuando una acción de la empresa rompe la promesa implícita que hizo a la sociedad en alguna de estas cuatro áreas: competencia (¿saben lo que hacen?), ética (¿son íntegros?), benevolencia (¿se preocupan por los demás?) y predictibilidad (¿son consistentes?).

El riesgo reputacional no opera en el vacío. Como señala Ladd Muzzy, director global de Gestión de Riesgos de Reputación en AON -en la presentación Reputational Risk Costing Framework- «la cuantificación del riesgo reputacional, junto con prácticas sólidas de gestión del riesgo empresarial, sienta las bases para salvaguardar los activos más valiosos de la empresa». En este sentido, expertos coinciden en que estamos ante una era de «policrisis», donde eventos aislados se transforman rápidamente en crisis sistémicas.

Para Begoña Bofill, socia de Azerta, “     el riesgo reputacional dejó de ser un tema comunicacional para convertirse en un asunto de directorio. Hoy no se trata solo de gestionar crisis cuando ocurren, sino de integrar la reputación en la toma de decisiones estratégicas. Las compañías que sobreviven no son las que no cometen errores, sino las que construyen confianza antes de necesitarla”.

Tres factores que están acelerando esta transformación

Ciberseguridad e IA: Las filtraciones de datos y el uso de deepfakes han elevado el riesgo. Un ciberataque hoy no solo implica una pérdida operativa, sino una erosión profunda de la confianza de clientes e inversores que puede tardar años en recuperarse.

El escrutinio de los criterios ESG: La transparencia en materia ambiental, social y de gobernanza ya no es opcional. La divergencia de expectativas entre reguladores y el público general crea un campo minado donde cualquier inconsistencia es castigada severamente por el mercado.

La fragilidad de la opinión pública: En un contexto de alta polarización, la confianza en las instituciones ha caído. Como advierte el informe de AON, «incluso pequeñas inexactitudes o posturas controvertidas pueden agravar el daño a la reputación», haciendo de la autenticidad un valor de supervivencia.

De la reacción a la prevención

Para gestionar eficazmente este riesgo, las organizaciones deben transitar hacia un modelo de monitoreo proactivo. El uso de análisis de datos para detectar amenazas en redes sociales antes de que escalen y la formación de líderes con herramientas de comunicación transparentes son pasos fundamentales.

AON subraya que las acciones ante una crisis deben priorizar la velocidad, transparencia y responsabilidad. En un mundo donde el 9% de las empresas ya reportó pérdidas financieras directas por deterioro de la percepción de los stakeholders en el último año, la conclusión es clara: la reputación es demasiado costosa para dejarla al azar. La resiliencia corporativa en 2026 no se mide solo en la solidez del balance, sino en la capacidad de mantener la confianza en un entorno digitalmente conectado y socialmente fragmentado.

Andrea Bonime-Blanc -fundadora y CEO de GRC Risk Advisory, una consultora con sede en Nueva York que asesora a empresas de la lista Fortune 500- afirma en su libro “Gloom to Boom: How Leaders Transform Risk into Resilience and Value” que el impacto no es solo la pérdida de dinero, sino la pérdida de la licencia social para operar, lo que puede llevar a una empresa a la quiebra aunque sea solvente, debido al boicot de reguladores y consumidores.

La cuantificación del riesgo reputacional ha dejado de ser una estimación teórica para convertirse en un cálculo actuarial preciso. Según expertos en gestión patrimonial, una crisis de marca mal gestionada puede provocar una erosión de hasta el 20% del valor de mercado de una empresa en el año posterior al incidente. Este impacto se mide a través del análisis de «pérdida de valor de capitalización», donde la caída del precio de la acción refleja la desconfianza del inversor. 

Además, una reputación dañada incrementa el perfil de riesgo ante las entidades financieras, lo que se traduce en un aumento directo del costo de capital y tasas de interés más altas para el financiamiento de proyectos.