Ya es una costumbre, Elon Musk empezó el nuevo año en el centro de la noticia: celebrando la llegada de 2025 con Donald Trump en el exclusivo resort Mar-a-Lago y cambiado su nombre en la red social X a «Kekius Maximus», desatando todo tipo de especulaciones. Pero su principal preocupación, además de su estreno como director del Departamento de Eficiencia Gubernamental de EE.UU., es materializar la ambiciosa idea de reunir en un solo lugar a más de 500 de sus trabajadores, a orillas de la playa de Boca Chica, lugar donde actualmente SpaceX lanza sus cohetes al espacio.
“Starbase será un modelo de urbanización basado en el avance tecnológico. Se facilitará la vida diaria de los empleados y sus familias, creando un entorno diseñado para el bienestar laboral y familiar. Estoy seguro de que este tipo de ciudades pronto serán replicadas en todo el mundo”, aseguró el excéntrico multimillonario a The New York Times.
La elección del terreno, ubicado en el sur de Texas, no es casual. La zona ofrece un entorno estratégico para los lanzamientos espaciales y facilidades en cuanto a regulaciones urbanísticas. Desde hace años, Musk ha concentrado sus operaciones en Texas, atrayendo inversiones y transformándolo en un núcleo tecnológico. Según un artículo de The New York Times, los beneficios de esta estrategia para las empresas del hombre más rico del mundo van desde tener un mayor control creativo y aumentar la producción, hasta ventajas fiscales y resguardos legales frente a demandas y denuncias. De hecho, SpaceX informó que pretende gestionar servicios esenciales, como agua, electricidad y transporte, sin depender de autoridades externas. Además, contará con policías y bomberos propios.
La ciudad se emplazará en un espacio de aproximadamente cuatro kilómetros cuadrados, un área un poco más grande que el Central Park. La idea es que todos los residentes de la zona trabajen para SpaceX o tengan familiares que lo hagan. Estos vivirán en casas recién construidas -propiedad de la empresa-, agrupadas en torno a los edificios corporativos. Además, habrá un restaurante y un gimnasio abiertos solo a los empleados de la compañía.
Hasta el momento, unas cincuenta familias viven en Starbase, quienes ya hicieron la petición formal a las autoridades de Texas para constituirse en municipio y poder votar por las autoridades de su ciudad, incluido el primer alcalde. La idea es que este cargo sea para el director de seguridad de SpaceX, Gunnar Milburn.
Un Silicon Valley conservador
El sueño de tener una ciudad propia no es nuevo. Justamente en Texas existe Todd Mission, una mini urbe creada para alojar un festival anual. Sin embargo, lo que hace única a Starbase es la magnitud del proyecto enfocado en lo empresarial y su vinculación directa con la exploración espacial.
Si bien la propuesta de crear un nueva comuna está en proceso de evaluación por las autoridades locales, diversos grupos de vecinos han manifestado su preocupación por el impacto ambiental de la nueva ciudad, especialmente por los efectos del aumento del lanzamiento de cohetes; la cercanía a un área costera protegida; la restricción del acceso a las playas; y otras molestias generadas en comunidades vecinas.
“Mucha gente cuestiona si realmente Starbase será bueno para la región o solo traerá un aumento de la polución y nuevos problemas. Está claro que los trabajos y servicios solo beneficiarán a los empleados de Elon Musk”, afirma Richard Lowe, concejal del condado de Austin en un reportaje de CNN. Por su parte, los residentes de Brownsville, a 32 kilómetros de donde estará Starbase, se quejan de que los lanzamientos hacen que frecuentemente se cierren las carreteras y que los ruidos molestos son frecuentes. No obstante, los contactos del amigo de Trump en las altas esferas del Partido Republicano, que domina la política local, hacen que la aprobación del proyecto sea visto solo como un trámite.
Entre algunos trabajadores del conglomerado de Musk existe el temor de que al vivir en un entorno cuyo único dueño es la compañía, aumente el control y la exigencia de las horas dedicadas a producir. “Entre nosotros comentamos, con ironía pero un dejo de verdad también, que ojalá vivir en esta ciudad no signifique llevar a la práctica el consejo que da Elon Musk cuando le preguntan sobre cómo ser exitoso en los negocios: ‘dormir bajo el escritorio y trabajar todas las horas en las que se está despierto’”, cuenta un empleado en The New York Times.
Indiferente a las críticas, el controlador de X sigue expandiendo su presencia en Texas, actualmente explora la posibilidad de construir otras comunidades empresariales cerca de Austin. Su idea, afirma The New York Times, “es crear un competidor de Silicon Valley, pero sin la visión progresista”. Un polo de innovación y desarrollo económico que incluya una planta de fabricación para SpaceX; la sede de la Boring Company, que está creando tecnología de construcción de túneles; y las oficinas corporativas de la red social X. “El dueño de Tesla odia a los liberales de California y está trasladando las oficinas, almacenes y plantas de fabricación de sus empresas desde ese Estado a Texas, uno de los epicentros del conservadurismo y de la derecha norteamericanas”, asegura el reportaje.
Este sello conservador, pero principalmente la estrecha relación del multimillonario con Donald Trump, ha alimentado el rumor de que el próximo presidente encabezará la inauguración de Starbase, anunciada para mediados de este año.
“Tal vez nos convirtamos en La Meca del mundo MAGA (Make America Great Again)”, comenta con ironía un residente de la zona.